Más por desgracia que por fortuna, formo parte de esa primera corona de quienes por nuestra discapacidad somos 100% dependientes.

Será por mi experiencia que procuro ser cauta y prudente antes de hablar de triunfalismos cuando están aún lejanos.

Y es que del dicho al hecho hay un gran trecho, y lo que el gobierno definió como Ley de Dependencia, podría en realidad denominarse sencillamente "La Ley de los Geriátricos".

Partiendo de la idea de que más vale poco que nada y, que a ciencia cierta, desconozco la ayuda real dado que la poca información que recibo es la de los medios de comunicación, no comprendo ni comparto la forma de distribuirlas, así como ese gran abanico que a a grosso modo oscila, en la comunidad autónoma de Cataluña, entre 400 a 1300 €.

Por ejemplo se ha anunciado a bombo y platillo que: Acció Social complementará algunas prestaciones que marca la ley estatal de forma que las personas que dispongan de una plaza en una residencia privada, pero concertada por la Generalitat y que tengan unos ingresos inferiores a 17.700 € recibirán una ayuda de estar 1308 € para pagar la: los 780 € mínimos de la ley más los 528 del plus autonómico.

La noticia continuaba diciendo: La consellera, Carme Capdevila, detalló ayer que el objetivo de este complemento es facilitar el acceso residencial a un colectivo de ancianos que "no pueden pagar " dicha plaza.

Personalmente, quise dar un voto de confianza a una ley que prometía la "promoción de las condiciones precisas para que las personas en situación de dependencia puedan llevar una vida con el mayor grado de autonomía posible y la permanencia de las personas en situación de dependencia, siempre que sea posible, en el entorno en el que desarrollan su vida".

¿Qué sucede con aquellas mujeres que por decisión propia o por una disyuntiva económica se responsabilizaron del cuidado de un hijo, un padre, un suegro... dependiente?

Las ayudas entonces, y en el mejor de los casos, apenas superarán los 600 €.

¿Y qué ocurre con quien, por su edad, ya no puede afiliarse a la Seguridad Social?

No olvidemos además que a todas estas cantidades se descontarán también las prestaciones que actualmente se perciben en concepto de ayuda a tercera persona.

Todo ello me da por pensar, ¿por qué mi madre de 72 años no optará por buscar una residencia en lugar de atenderme? Por amor... porque las ayudas, tal como se contemplan, siguen sin solventar nada.

La dependencia no implica cuidados especiales las 24 horas. No hace falta ninguna titulación para saber dar de comer a alguien, peinarlo o aliviar al cuidador, apoyándolo en los quehaceres diarios. Sin embargo, difícilmente un "profesional" se remangará para lavar unos platos o preparar una comida...o, por lo menos, no el personal que desde los Servicios Sociales de mi municipio me enviaron en momentos puntuales ya que a lo sumo hacían mi cama.

Cada dependencia es diferente y cada dependiente necesita unos cuidados específicos, para los que, frecuentemente, sólo es preciso voluntad y ganas de hacerlo.

Sin ningún cursillo de formación ni título, mi madre ha aprendido a sondarme, a evacuarme, a vestirme, lavarme, a colocarme mil almohadas para no llagarme. Pero no es una residencia, ni un profesional, ni puede afiliarse a la Seguridad Social... y, para más inri, tampoco tiene derecho a ninguna pensión no contributiva. Ilógico, ¿verdad?

¿Y cuando fallezcan mis padres? Me pongo en la piel de todos aquellos que aún siendo dependientes tienen la mente ágil y el derecho a escoger. No todos han recibido una indemnización multimillonaria, no todos cobran mensualmente una pensión contributiva, pero aún así quieren sentirse personas. ¿No deberían percibir la misma ayuda que la de quien está ingresado en una residencia para costearse una asistenta 24 horas?

A eso es lo que entiendo yo por permanencia en el entorno.