







Llevo unas tardes un poco apesadumbrada. Estoy cansada de oír hablar de feeds, intercambio dinámico de links, de medidores de audiencia y de infinidad de páginas que mal entiendo con mi inglés chapucero y de estar por casa.
El éxito, ¿dónde está el éxito?
Me pregunto si no habré malgastado las horas traduciendo a otro idioma estas reflexiones que pretendían ser una ayuda y que ahora casi me parecen una depresión.
Tal vez me tomé muy a pecho eso de valerme de esta web, blog o como queráis llamar, como ventana hacia el mundo. Me sedujo la idea de abrir mis emociones, de plasmar en este diario todo cuanto venía a mi mente y servir de instrumento para trasmitir mis quejas por tanto absurdo humano, o envalentonar a quien se considera cobarde ante algún revés de la vida o no halla una salida a esa losa que le acompaña.
De nuevo me canturrea en los oídos las palabras de mi cuñada: "La gente no quiere escuchar problemas".
Creo que por eso me esforcé en ensanchar mis miras y me planté frente a un traductor. Y no me sonaba muy mal, incluso me halagaba leer en otro idioma mis confidencias. Era como si por primera vez mis obras se extendieran más allá de mi frontera, podía imaginarme la satisfacción de un escritor al ser leído en un mar de lenguajes.
Os pido perdón a todos los anglosajones parlantes por esa descabellada osadía.
El éxito, ¿porque se empecinan todos en vendernos una quimera? A menudo nos dibujan una realidad trastocada, como si la felicidad y el éxito caminaran juntos, agarrados de la mano.
¿Qué es el éxito? ¿Copar uno de los cargos más relevantes? ¿Ocupar el mejor ranking? En Internet se diría que sí. Entre los millones de páginas que existen, que alguien navegue por la tuya, indudablemente, tiene su mérito.
He de admitir entonces que yo he fracasado. Sobra con contrastar las cifras del blog de mi amiga Deyanira con las del mío para que me suma en una profunda depresión.
Y quizás un poco sí lo estaba o aún lo estoy, porque me gustaría saber que llegó a la gente, que no soy un bicho raro vagando por el espacio cibernético.
Es hora de resoluciones, de tomar por buenos mis principios, de no dejarme llevar por consejos publicitarios y simplemente ser yo misma.
Dudo que consiga un éxito comercial, que ninguna empresa confíe en mi buen hacer para propagar las ventajas y beneficios de sus productos. Si alguien se anima, aquí estoy.
Sin embargo, después de un análisis concienzudo, he hecho propósito de enmienda, no pienso poner fotos o más colorido para captar vuestra atención, quisiera que fuera mis palabras las que conquistaran vuestro corazón.
Ese sería para mí el verdadero éxito.

